La Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que azotó la península ibérica en octubre de 2024 ha dejado un impacto en el regadío español sin precedentes. Este fenómeno climático extremo ha ocasionado pérdidas económicas millonarias y daños significativos en las infraestructuras agrarias, especialmente en los sistemas de riego. Agricultores, ganaderos y comunidades de regantes enfrentan ahora el reto de recuperarse de las secuelas de esta catástrofe, que ha puesto de manifiesto tanto la vulnerabilidad del sector como la urgente necesidad de adoptar medidas preventivas y correctivas.